Serían las 8 y algo y seguía lloviendo, nos levantamos, preparamos las bicis y nos fuimos a desayunar al bar del pueblo donde nos prepararon un buen desayuno. Al terminar estaba nublado y seguía lloviznando, empezamos a pedalear por los caminos. Pronto veríamos que en muchos sitios las bicicletas se hundían por el barro, no nos quedaba mas remedio que ir por la carretera.
Seguía lloviendo, en un tramo José se fue por el camino y lo perdimos, nos pusimos en contacto y quedamos en Zamora. Los que íbamos por la carretera llegamos al puente de entrada a la ciudad y por donde pasa el río Duero. Unos se fueron a por las credenciales, Toni y yo nos quedamos a esperar a José, que como no había podido seguir había tenido que volver atrás y continuar por la carretera. Al momento llegó, seguía lloviendo, fuimos a reunirnos con los demaás al lado de la catedral.
Por lo que vimos, Zamora no tiene grandes Iglesias, pero lo que tienen es de una gran austeridad. Seguía lloviendo y teníamos que seguir, salimos de la ciudad y empezamos a ir por carretera, para mi muy peligrosa, les comenté que me iba por el camino ,unos vinieron y otros siguieron por la carretera. Como estábamos comunicados por walkies quedamos en vernos en el pueblo siguiente para comer. Por suerte para los que íbamos por los caminos de tierra el terreno era pedregoso y las bicis iban bien, nosotros empapados como sopas,los impermeables te paran el agua pero al final termina atravesandote.
Era hora de comer y aprovechamos para secarnos algo. Mientras terminábamos de comer el cielo se iba despejando, se veían rayos de luz, así que después de tomar el café decidimos atajar el camino y coger una carretera que nos ahorraba unos 15 kilómetros hasta Tabara, nuestro objetivo para pararnos. Pasamos al lado de un pantano sobre el rio Esla. Seguimos nuestra marcha hasta llegar a Tabara, preguntamos por el Albergue, nos dieron las señas y después de estar reagrupados nos dirigimos donde se encontraba, en las afueras del pueblo. Allí, encontramos una sola peregrina. Nosotros a ducharnos y hacer la colada en unas piletas que usaban los vecinos para lavar.
Cuando estaba lavando, vino una mujer del pueblo y me dijo que no lo hacia bien, ya que había dos piletas y una era para aclarar y yo la usaba para lavar. Se portoó muy bien y nos regaloó jabón casero para hacer la colada y para llevarnos.
Al terminar, Justo y yo nos ofrecimos para ir a comprar algo para cenar, así lo hicimos. Compramos dos panes, embutido, vino, cervezas y como May llevaba una sobrasada ya lo teníamos todo. Mientras, los restantes habían ido a sellar las credenciales y mirar algún sitio para desayunar a la mañana siguiente, aparte de tomarse unas cervezas que se las habían ganado.
Para la cena, invitamos a la mujer peregrina a cenar con nosotros. Al terminar la cena, la mujer que no llevaba saco de dormir, fue a casa del encargado del albergue a ver si le podían dejar una manta y según nos comentó, le respondió que si dormía con diez hombres no tendría frió. Al final, José le dejó una sábana-saco y pudo dormir sin pasar frio. Antes de acostarnos algunos comentarios divertidos de José, May y alguno mas para poner fin a una etapa pasada por agua .
Yayo Toni
No hay comentarios:
Publicar un comentario