3ª etapa Tabara / Palacios de Sanabria
La noche del albergue de Tabara había sido movida, primero levantarse a beber agua, más tarde a mear, hasta que a las 7 a levantarse. Así y todo habíamos descansado, la mujer peregrina, a quien José le dejó la sábana-saco, no había pasado frío. Después de darnos las gracias, nos deseo suerte y lo mismo nosotros a ella, terminamos de recoger las cosas y las bicis preparadas nos fuimos a desayunar. Una vez terminados, llenamos los bidones de agua en la fuente y al camino auténtico, que nos dirigía hacia una montaña con molinos generadores de electricidad. Antes de llegar, había un desvió a la izquierda con una fuerte pendiente era corta pero nos obligó a empujar las bicis hasta arriba. Después, el camino era una maravilla atravesando campos y arroyos. Llegamos hasta una aldea en que perdimos la señal, subimos por una carretera sin tráfico y arriba volvimos a encontrar las señales. Una vez reagrupados, nos esperaba el Valle del Tera con gran cantidad de cultivos en los pies de las montañas. Aún se conservaban cuevas que servían de bodegas para guardar el vino, muchos manzanos y perales a los lados del camino. Nuestro abanderado May, aprovechaba para coger alguna "Manzanita Take-Away". Así llegamos a Santa Croya de Tera y Santa Marta de Tera en que el río del mismo nombre, divide un pueblo. En Santa Marta había una iglesia románica, una maravilla. Conservaba una imagen de Santiago, la más antigua del Camino de la Plata. El pequeño camino transcurría paralelo al rio. Llegamos a un camino sin salida, nos habíamos despistado. Unos fuimos adelante para buscar las señales y otros por otro lado. Al final, nos avisaron que habían encontrado la salida, proseguimos el camino hasta una aldea. Dejábamos el rio a las 3 hora de comer. Le preguntamos a unos obreros que reparaban una casa al lado de una ermita en ruinas, en un instante llamó por teléfono y nos consiguió un lugar donde comer, hacia allí nos dirigimos. En un momento nos preparó varios platos de comida y nos lo comimos con mucha alegría, ya que todo estaba muy bueno. Mientras comíamos, entró una chica acompañada de un niño y dos hombres que nos saludaron con un "Bon Dia Mallorca", habían visto la bandera que llevábamos en la bici de May, nos dió alegría. Natxo le preguntó si eran de Marratxi y dijo que sí, yo le pregunté si era de Sa Tanca de Can Buch y también dijo que sí, nos comento que era hija de Margarita y de Vicente, lo que aún no se, sí es de otra Tanca de Can Buch que yo no conozco. Nos hicimos unas fotos, después de comer nos deseó buen camino. Una vez preparados para la salida, empezamos a pedalear, las señales estaban algo confusas y hubo un momento de confusión y despiste. Una vez reagrupados, atravesamos los últimos cultivos para ir subiendo rio arriba hacia un gran pantano y central hidroeléctrica. Nos costó un poco, pero al final atravesamos la carretera del pantano para seguir por caminos montañosos y alguna aldea. Juan Comas se quejaba de un tobillo. Llegamos a Rio Negro, un pueblecito de maravilla que daba nombre de su rio. Tenía un albergue donde sellamos, una maravilla pero debíamos intentar hacer unos 20 kilómetros más, así que dejamos el pueblo. Otra vez cuestas y caminos, con Juan que tenía problemas para seguir. Llegamos a un pueblo y nos paramos en una farmacia, donde Juan compró una tobillera y reflex. Decidimos que Juan, Toni, May y los demás siguieran para encontrar un albergue yo me quedé con Juan Comas, Enrique y Justo. Como Juan no podía ir muy rápido, poco a poco íbamos avanzando y los que tenían que encontrar un albergue nos daban noticias, que o eran pequeños y no cabíamos o no habían. Como tenían que ir por otros caminos y nosotros íbamos por una antigua carretera en desuso, preguntamos en un bar si había algún sitio para dormir aunque no fuera albergue, ya que el que sabíamos estaba a unos 15 kilómetros de distancia, nos comentaron de una mujer que en la aldea próxima alquilaba habitaciones. Mientras nosotros avanzábamos, los demas no encontraban nada y ya estaban cansados. Por fin, llegamos donde nos habían dicho lo de las habitaciones. Preguntamos a un vecino y enseguida nos llevó a casa de esta mujer, que nos pedía 15 euros a cada uno por dormir en un piso. Al final nos lo dejó en 10. Había que reponer fuerzas y era tarde. Llamamos a los demás, mientras nosotros aprovechamos para dejar las bicis y empezar a ducharnos, fueron llegando los demás. Cansados habían hecho muchos más kilómetros que nosotros, sin ningún resultado. Una vez duchados fuimos a ver si podíamos cenar en algún bar del pueblo, no fue posible, solo había un bar y no tenía nada. Al lado había una tienda, compramos pan, embutido, tomates y fruta. Preparamos la comida en la cocina del piso donde estábamos. Mirando un partido por la tele se nos hizo hora de ir a la cama, esperábamos descansar más que si hubiéramos estado en un albergue, como habíamos hecho muchos kilómetros nos dormimos, sin ni siquiera roncar los que tenían fama de hacerlo.
Yayo Toni